24/12/09

Danza de intermedio

Se puso a bailar el sabado. No lo hace, porque no sabe, pues bien que le gustaría. Se dejó llevar por el ritmo. Sí tiene ritmo, los músicos deben tener ritmo no? aunque ahora que lo pienso, los músicos rara vez bailan. Tambien se dejó llevar por esos tres vasitos de tequila que le aligeraban el frío de la noche. Primero se puso a observar como bailaban los otros, se comió su comida enfriada prematuramente por el aire helado, platicó con sus conocidos y se fumó un cigarro. 
Como dije, bien que le gustaría baila, pero nadie le ha enseñado, porque aunque en otros aspectos hace gala de su capacidad autodidacta, sigue pensando que hay que enseñarle a bailar.
Se puso a bailar pues, recordando una vieja instrucción básica, escuchando un ritmito de salsa pegajoso, pidiendo que por favor le marcaran el paso. No baila, como dije, pero bien que le gusta. Se notaba en su sonrisa que a veces era carcajada, se notaba en la mirada, se notaba en el intento de seguir el paso y marcar el ritmo, se notaba en la cercanía que su cuerpo imponia a su pareja. 
Se fue a sentar otro ratito, pero le siguió subiendo el ánimo asi que regreso a la improvisada pista a darle vida con movimiento a cualquier ritmo que la banda tocara, se bailó unas cuantas salsas, un par de cumbias y algo de música norteña, de la que se baila pegaditos, no de las nuevas. Aprovecho la canción para juntarse más,  para dejas que el cuerpo se bailara solo, para aceptar entre bromas que la estaba pasando bien.
Eso fue el sabado. Después de todo y antes del resto. Después del pleito de la mañana que creyó perdido, despues de jugarse la carta de darse la vuelta e irse, a ver si alguien detenia esa huida, despues de ver que como estrategia, funciona, después de decidir finalmente, regresar (aunque realmente no pensaba irse). 
Y fue antes, antes de lo que pasó y lo que se dijo, debido precisamente a que el sábado, se fue a esa fiesta donde se puso a bailar y no le importó nada más, y continuó aunque el tiempo superaba por mucho la planeada hora de su regreso a casa.
El se puso a bailar el sábado como intermedio, la tomó de la mano, la llevo a la pista, y ya no pudo soltarla. Continuó así hasta la madrugada...

“Si quieres bailamos, me pongo los zapatos 
y me llevas por ese mundo 
oscuro y desconocido del compás, 
olvidarnos del tiempo perdido, 
despertar y ver que aún estás”. 


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