La mañana de hoy me sorprendió con una frescura que no esperaba dadas las condiciones climáticas recientes. Me sorprendió la gente sorprendida de mi aspecto. Es posible que tomar decisiones le cambie a uno la cara, aunque sean malas. La mañana de hoy me dejó saber que no habría desayuno para mi porque le robé algunos instantes con mi sueño. La mañana de hoy no tuvo grandes sorpresas, anduve en tenis en el sitio en que debo usar zapatillas, no fumé a la hora que lo acostumbro, decidí salir corriendo a ver en el escenario a quién terminó sin ser el objetivo de la lente de la cámara que tenía entre manos. Esta vez mis pies no tocarían la madera tibia ni mi piel sentiría el calor de los reflectores, esta vez no sería danza.
Esperaba encontrar la cara conocida de un amigo en su debut. Encontré una melódica media luna que golpe tras golpe daba vida a nuevos ritmos. Regocijé mi mirada con la diversidad y la diferencia. Y encontré, comandando a la poderosa fuerza sonora de la media luna, una figura intrincada, a veces retadora, a veces distante y otras solo en penumbras. La encontré uniformada en negro, o al menos eso era lo que las luces dejaban ver. Desvié la mirada de la luminosidad de la luna para mirar la oscura figura. La descubrí llevando un ritmo, dos, todos los ritmos, indicando, controlando, hablando sin palabras, capitaneando, dirigiendo a su ejercito de sonidos y golpes, de silencios ordenados armónicamente, de manos que arrancan sonido a la piel, su ejrecito en ritual previo a la batalla, anunciando su presencia a la distancia . Y me gustó mirarlo.
9/10/10
Lenguaje alterno
Te quiero. Ahora veo que ya tenía inercia de recitar las palabras, pero encuentro que quiero darles un nuevo sentido, y quiero que lo conozcas y quizá hasta compartas. También tengo la inercia de bailar, y lo extraño hasta las lágrimas, pero tengo la suerte de tener otras cosas que quiero.
Quiero hablar ese lenguaje intrínseco que no se entiende fuera del microcosmos temporal que se crea cuando te miro, ese universo que existe más allá de la situación y los amigos, de la fiesta o la cerveza, del trabajo y las familias, ese que existe como un subconjunto y no necesita estar aislado, que puede compartirse sin disolverse, que puede existir dentro de otras realidades, que permite conocer, que no excluye, que que no necesita arrasar otros mundos para reafirmar su existencia, que tiene por frontera nuestros brazos...
Quiero saber que la mirada cómplice puede atravesar una habitación llena de gente, quiero sentir que no es necesario suprimir el resto de estímulos para que el mío permanezca, quiero compartir contigo esa libertad que me define y me pertenece.
Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace»,
«dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»...
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde»,
y tú sabías que decía «te quiero»
J.S.
Otro tipo de danza.
La danza trata de expresar emociones, lo cual para mi no es fácil porque no suelo siquiera decirlas, y todo se dificulta más cuando no puedo usar palabras. Aun con eso, he encontrado que se puede decir mucho usando al cuerpo como medio. Incluso es posible decir a alguien que lo quieres.
La primera vez que te dije "te quiero" fue hace mucho tiempo... Me tomó por sorpresa que lo dijeras primero, pero solo por la falta de hábito de escuchar eso de los amigos. Amigos, cuates, la banda. Lo que sea.
Ahora pienso si en verdad éramos amigos. Compartir las tertulias , las risas, las actividades, algunos gustos musicales ¿Eso nos convertía en amigos? Tengo en la memoria imágenes tuyas, no cronológicas, que merodean mi mente queriendo responder esa pregunta.
Te recuerdo hablando de música, obligándonos a escuchar una rola de Radiohead, explicando porqué te parecía tan fantástica la perfecta manera en que todos los instrumentos entraban a tiempo. Matemáticas para mi. Aun así, compartía la opinión.
Te recuerdo citando autores y cómicos subversivos, apasionándote al hablar de política, riendo a carcajadas y mirándome con cara de "que cagado", contándome historias de tu pasado, diciendo "dame chance" ante mi cara de crítica por tus acciones.
Te recuerdo regañándome por mis decisiones sentimentales, diciendo "cuando hay duda, no hay duda", la mirada fría, el ceño fruncido, la mano que indicaba que tenías razón a todas luces. El gesto condescendiente al saber que la tenías. Tu cara de felicidad por lograr tus propios objetivos sentimentales.
Te recuerdo haciendo 20 preguntas, y otras veinte más, retando a la tecnología a adivinar los mas extraños de tus pensamientos, la falta de paciencia para mi (nuestra) poca habilidad para programar.
Te recuerdo el día de esa fiesta, cuando llegué y te llamé, cuando fuiste por mi porque... supongo que pensando que podía perderme.
Te recuerdo citando la larga lista de hombres que me han interesado en la vida, te recuerdo incrédulo al escuchar de mi inicial interés. También la llamada al día siguiente. La negación a toda implicación mala onda de nuestras acciones. La certeza de que todo estaría bien. La tranquilidad de resolver pronto. La sensación de haber estado. El sabor de tus labios que bien sabía se disolvería en el transcurso de esa misma mañana, la certeza de que no habría implicaciones negativas.
Reconozco la brecha temporal que nos mantuvo distantes, creando, construyendo, divagando cada quién en su propia vida. Años. Mientras pasaban las fiestas y las reuniones, las bodas y los desencuentros, nuestros amores y desengaños, los logros, las metas alcanzadas, tu trabajo y mi danza, tus desvelos y mi lucha por extraerme emociones en el escenario, mientras aquella emoción por la que solías regañarme, en tu papel de amigo protector, se disolvía, se transformaba, se anclaba a momentos, pero iba perdiéndose. Mientras aquellos brazos que añoraba iban dejando ver su real contextura y se mostraban poco dispuestos a abrigarme. Sabía de ti contadas veces, y no pensaba en ello. Mis ojos no intentaban buscarte, cegados como estaba por reflectores, cenitales y otras luces, en diferentes pisos, con diferentes públicos. Representabas uno de esos amigos a la distancia que uno siempre tiene. En los que no se piensa a menudo. Que no existen más que en las veladas donde se evocan o se invitan.
El acecho de la tecnología acortaba un poco la distancia, develaba a momentos los misterios de las vidas ajenas. Describía, dibujaba, figuraba, ayudaba a imaginar en que andaba el otro. Alegría? si. Siempre un gusto cualquier charla. Incluso aquellas, las dolorosas. Las de desahogo, las de desamor, las de negación, las de pleito, las de entrar en cordura, las de invitaciones. La de LA invitación.
Los zapatos de tacón me llevaron con la actitud correcta hacía lo inesperado que yo ya había venido planeando. No como algo seguro, sino como una de las posibilidades que mi mente imagina en su diaria actividad. El frío y el billete falso dieron la pauta a las risas de siempre. La música lejana otorgaba la oportunidad a la charla inusual, a los malos chistes, a los cierres, a los cambios de actitud.
Y durante esto, el "te quiero" era una constante, invariable y a ratos hasta involuntaria, que dejaba ver la confianza, la complicidad, la intención de existir, compartir a ratos, de hacer reír, de aconsejar, de hablar, de ayudar, de detener los dolores, de sustituirlos por más risas.
Una vez, en el piso, después de mi danza alterna contigo, te dije que era difícil delinear, acotar, pues yo ya te quería a priori. Nunca antes tuve que confrontar la transformación de ese cariño en otro tipo. Y no sabia como hacerlo, o si quería hacerlo. Te dije "te quiero" una vez más, como lo hacia siempre. Ese día se agrego un anexo al expediente de lo que habíamos conocido del otro.
En estos andares, donde ahora no camino sola, mis palabras se han transformado, y es preciso decir que significan más cosas...
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