Te quiero. Ahora veo que ya tenía inercia de recitar las palabras, pero encuentro que quiero darles un nuevo sentido, y quiero que lo conozcas y quizá hasta compartas. También tengo la inercia de bailar, y lo extraño hasta las lágrimas, pero tengo la suerte de tener otras cosas que quiero.
Quiero hablar ese lenguaje intrínseco que no se entiende fuera del microcosmos temporal que se crea cuando te miro, ese universo que existe más allá de la situación y los amigos, de la fiesta o la cerveza, del trabajo y las familias, ese que existe como un subconjunto y no necesita estar aislado, que puede compartirse sin disolverse, que puede existir dentro de otras realidades, que permite conocer, que no excluye, que que no necesita arrasar otros mundos para reafirmar su existencia, que tiene por frontera nuestros brazos...
Quiero saber que la mirada cómplice puede atravesar una habitación llena de gente, quiero sentir que no es necesario suprimir el resto de estímulos para que el mío permanezca, quiero compartir contigo esa libertad que me define y me pertenece.
Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace»,
«dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»...
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde»,
y tú sabías que decía «te quiero»
J.S.
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